¿El fin de los expertos en arte?

Considerada como un privilegio de los artistas, la libertad de expresión podría dejarse de aplicar a los expertos que certifican la autenticidad de las obras de arte.

Cuando sumas considerables circulan en el mercado del arte y cuando el veredicto de un experto puede significar la fortuna o la ruina, algunos procesos fuertemente mediatizados están llevando a los especialistas a auto-censurarse, por miedo ante posibles causas judiciales.

La ‘Andy Warhol Foundation for the Visual Arts’, la Fundación Roy Lichtenstein y el Museo Noguchi, todos en Nueva York, han cesado de autentificar obras con el fin de evitarse litigios. Y en enero de este año, el ‘Courtauld Institute of art’ de londres ha evocado «la posibilidad de una acción judicial» para explicar la anulación de un forum dedicado al estudio controvertido de 600 dibujos atribuidos a Francis Bacon. Lo mismo que ha sucedido respecto de especialistas reconocidos de la obra de Degas que se han guardado muy mucho de decidir si 74 yesos puestos en el mercado eran finalmente un descubrimiento fabuloso o una falsedad.

Esta ansiedad llega incluso a los catálogos razonados. Algunas salas de subastas o de venta han, a veces, decidido no presentar piezas no repertoriadas. Y por eso algunos autores de estos catálogos razonados se han visto demandados o se ha intentado sobornarles.

Pero el alza vertiginosa de los precios del arte ha hecho evolucionar el análisis coste-rentabilidad de un proceso y el fraude se ha convertido en algo más lucrativo, tal como observa Nancy Mowll Mathews, presidenta de la Asociación de especialistas de catálogos razonados, en una entrevista que viene de salir en el ‘The New York Times’. Según ciertos observadores, esta creciente aversión a garantizar públicamente la autenticidad de un objeto podría hacer que se mantuvieran en el mercado falsedades y obras mal atribuidas, mientras que obras recién descubiertas correrían el riesgo de no ser identificadas nunca.

Y esta presunta crisis de los expertos en arte (de la ‘expertise’) no ha dejado de suscitar un debate ético interesante: ¿debe denunciarse una obra sospechosa o callarse como recomiendan los abogados? En 2005, tras haber asistido a los problemas judiciales de otras organizaciones, Jack Cowart, director ejecutivo de la Fundación Lichtenstein, explicó que había suscrito una póliza de seguro de responsabilidad y que había adoptado un procedimiento de autentificación más riguroso y más transparente. Luego se supo también que el 2011 la Fundación Warhol desembolsó 7 millones de dólares para asegurar su defensa en el caso de un asunto relacionado con una serigrafía que la Fundación había rechazado incluir en un catálogo razonado. Tras estas peripecias, los miembros del Consejo de Administración de la Fundación estimaron que los beneficios obtenidos de una autentificación no compensaban los peligros de una demanda judicial. Pero, como indica Jack Flam, presidente de la Fundación Dedalus que edita el catálogo razonado de Robert Motherwell, si los expertos se callan, veremos emerger muchas más falsificaciones. ¿Pero quién defiende a los expertos en estos casos?

Para el Sr. Cowart, por contra, los dictámenes de las comisiones de autentificación no afectan a los falsificadores de obras de arte. Sharon Fletcher, directora ejecutiva de la ‘International Foundation for Art Research’, duda de que el número de litigios haya aumentado, pero acepta que esta sensación reinante «ha enfriado al mercado». Aunque pocos demandantes acaban ganando, los calendarios y gastos de abogado desaniman a los profesionales. Por ello, la ‘College Art Association’ ha escogido recientemente ofrecer a sus expertos una póliza de seguro de responsabilidad.

Por su parte, Peter Stern, abogado de Nueva York especialista en obras de arte, aconseja a sus clientes de no arriesgarse nunca a emitir una opinión, a menos de ser solicitado expresamente por los propietarios de una obra y a bien verificar que éstos firmen efectivamente una garantía de exoneración de cualquier tipo de demanda judicia.

Según la Sra. Fletcher, el miedo a posibles procesos podría acabar cambiando la naturaleza de los catálogos razonados. Y aporta como prueba de ello el que las fundaciones Calder y Lichtenstein y el Museo Noguchi han decidido presentar on-line su inventario bajo la etiqueta «trabajos en curso».

Alexabder Rower, nieto de Alexander Calder y presidente de la fundación Calder, ha preferido una guía on-line de la obra de Calder a un catálogo razonado. Esta fundación de Nueva York no procede a realizar ninguna autentificación, sino que lo que hace es archivar y examinar cualquier producción atribuida a este artista, a solicitud del propietario.

Entonces, ¿estamos confrontados a la desaparición de la figura del experto en materia de arte? ¿será también el final de los catálogos razonados? ¿Nos hallamos frente a un proceso de judicialización del mundo del arte como los hemos ya observado en otros campos de actividad? Continuará.

Etiquetas: expertos, mercado

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