Hablemos de financiación

Se habla mucho, y en campos bien distintos, de problemas de financiación. Tiene problemas de financiación el conjunto del sector público, como los tiene el sector privado, y esos problemas sólo tienen arreglo si avanzamos hacia situaciones de equilibrio que, si no se cambia el conjunto del sistema, pasan por aumentar los ingresos y disminuir los gastos.

De cualquier modo, y como ya había apuntado en un artículo anterior, lo primero que habrá que hacer antes de hablar de financiación es realizar un diagnóstico solvente teniendo en cuenta todas las aristas del tema. Demasiado a menudo vemos como se prescribe un tratamiento cuando la fase de diagnóstico no se ha iniciado o culminado. No caigamos en este error, y preguntémonos primero qué tipo de cultura queremos, para quién, cómo está el nivel de demanda, cómo puede construirse esa demanda, qué es lo que debe hacerse desde la vertiente de la oferta, cómo pueden sumarse esfuerzos y, finalmente, y no antes, a través de que tipo de sistema podemos financiar la cultura. Veamos algunas respuestas que tienen la fragilidad de un antiguo telegrama o de un mensaje de twitter, pero que aspiro a que tengan la ventaja de ir directamente al grano.

¿Qué tipo de cultura se quiere? Creo que ha llegado el momento de reflexionar sobre la propia visión de la cultura, así como sobre la misión de los distintos agentes culturales. Y de hacerlo tras un proceso de reflexión participativa, tanto individual como colectiva. La oferta cultural no puede ser ni la expresión de un bloque compacto, ni la emanación pura y simple del discurso dominante ni una mera traslación del pensamiento de ciertas élites intelectuales. Tengamos en cuenta que las industrias culturales y el patrimonio cultural son, a la vez, base y futuro.

¿Para quién? Los cimientos de la cultura deben asentarse en sus públicos, tanto los presentes como los futuros. Pero debemos tener también en cuenta que el valor social, aunque se le suponga, no es evidente. Tengamos siempre bien presente que la valoración de la cultura pasa por una etapa de educación previa destinada a este fin.

¿Qué tipo de demanda existe? La primera constatación es que los indicadores de muchos consumos culturales ya apuntaban claros signos de agotamiento antes de la llegada de la presente y generalizada crisis. Pero con ánimo positivo tal vez debamos establecer que la demanda cultural no se extingue sino que se transforma. Los hábitos culturales han variado con la era digital y con el reforzamiento del individualismo y del acceso directo. Probablemente la disminución de la demanda se haga sentir con más fuerza en lo que respecta a las instituciones culturales, el tejido asociativo y los espacios públicos. Ojo al dato y a sacar conclusiones.

¿Cómo debe construirse esta demanda? Una vez definidas la visión que se tiene de la cultura, el tipo de misión de interés general que puede aportar una organización y definidos sus públicos prioritarios, se podrá estar en condiciones de avanzar en la programación de actividades. Y en la preparación de esta programación deberá estudiarse la generación de recursos econámicos para poder hacerla realidad.

¿Qué tiene que hacer la oferta? En el sector cultural, la crisis ha puesto en evidencia un exceso de capacidad. Y este exceso es consecuencia no sólo de las alegrías en el número de equipamientos culturales, con una no-planificación ligada a gestos políticos o alardes empresariales, sino también a una acusada falta de diferenciación (de nicho de mercado).

¿Cómo pueden sumarse esfuerzos? Se necesitan redes que faciliten el conocimiento y el aprendizaje mutuo, la participación responsabilizadora, el encuentro entre oferta y demanda y la internacionalización de los diferentes agentes culturales (artistas, coleccionistas, galeristas, conservadores, gestores, políticos, mecenas individuales y corporativos, etc.).

¿Cómo debería financiarse? Probablemente, como ya escribí en un artículo reciente, la mejora de los incentivos fiscales a la inversión privada es una necesidad, pero no es ni suficiente ni creo que sea el momento adecuado (nunca es adecuado tomar decisiones bajo la presión acuciante de las dificultades del momento). Creo que debe avanzarse hacia un sistema mixto de financiación, con participación de los sectores público y privado, pero sin recelos mutuos y con un establecimiento claro y conocido de derechos y responsabilidades. Participación significa, entre otras cosas, tomar parte en la toma de decisiones y fijar las condiciones de retorno de la inversión (y hay muchas posibilidades de retorno a estudiar). En la misma línea creo que debe avanzarse decididamente en el reforzamiento de la capacidad de las organizaciones culturales para construir su propio sistema de ‘endowment’ (fondo de inversión), pero para ello también deberán establecerse claros mecanismos de gobernanza con la finalidad de reforzar los órganos de propuesta y control.

Se trata de pistas a explorar, pero tal vez como sistema de aproximación ofrezca algunos materiales para la reflexión. Continuaré en el empeño.

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